jueves, 2 de abril de 2026

EL FENÓMENO STRANGER THINGS Y LA FE CATÓLICA Por Luis Maggi Cárdenas

Es necedad abordar los proyectos de Netflix y contrastarlos con los valores católicos; sin embargo, divagaremos sobre el fenómeno televisivo que impactó a muchos adolescentes en distintos países alrededor del mundo, su nombre: Stranger Things.  

Stranger Things fue clasificada para sus primeras temporadas como “TV-14”: para mayores de 14 años por su contenido de violencia, lenguaje y temas maduros(sic). Para la temporada final (la #5) su clasificación fue actualizada y se consideró “para mayores de 17 años”.

Para los creadores de Stranger Things fue muy fácil mostrar la homosexualidad de los años 80 porque esta práctica “ya cabe” sin ningún problema en un 2025. Hoy es común ver en las pantallas de televisión a dos mujeres jóvenes besándose, pero no fue así en las sociedades de 1987 donde según estaba ubicada en tiempo la historia.

Para el sector teenager que dos mujeres se gusten o que un adolescente ame platónicamente a su mejor amigo ya no fue mal visto; es más, esta situación ya no les sorprende. 

Agustín Laje es uno de los pocos escritores que han señalado que la llamada "comunidad LGBTTTI" hoy está sobreexhibida en todas las plataformas de ficción y canales de televisión, un lugar que los activistas siempre denunciaban y afirmaban que los gays no se mostraban.  

La normalización de la homosexualidad es uno de los objetivos que Netflix logrará para las siguientes décadas del Siglo XXI. Quizás la sociedades del 2050 serán laxas a distintos temas y los creadores de esta plataforma nunca reconocerán que, alguna vez, ésta fue una de sus metas.

De lo que opinan los padres de familia sabemos poco; no hay estudios suficientes que puedan revelar el cómo los progenitores católicos están enfrentando la cultura woke que a DIARIO se les quiere imponer a sus hijos desde distintos medios tradicionales y no tradicionales. 

Usando marionetas como Bad Bunny, la élite globalista está obsesionada por cambiar la mentalidad de las próximas generaciones. 

Tampoco podemos medir cuánto una madre católica está dispuesta a negociar, no sólo contenido, sino tiempo de exposición y disfrute que sus hijos hacen a los productos de la cultura pop.

Porque la cultura pop moldea el pensamiento: telenovelas, canciones, películas, programas de televisión, series, libros y revistas son parte de esa cultura, pero al mismo tiempo contribuyen a de-formarla en un continuo ir y venir. 
Comunicólogos y antropólogos afirman que los productos que emanan de la cultura pop son fuertes indicadores del momento en que vivimos, ya que estos reflejan el pensamiento de cada época.

Las generaciones “avanzan en el tiempo” y “crecen en experiencia” junto a los productos mediáticos. 

Día a día, dichos productos acompañan a los adolescentes conforme va avanzando su historial de vida.

El Siglo XX fue influenciado por el pensamiento de Marx, Foucault y Freud, pero a su vez esta tríada fue permeada por todo el pensamiento occidental, desde los filósofos griegos hasta los pensadores de la Revolución Francesa.

Nosotros como miembros de una sociedad occidental estamos influenciados de una u otra manera por los arriba mencionados; seguimos leyendo a un Santo Tomás de Aquino, a un San Agustín (354-430), pero también a los ensayistas Iberoamericanos como Octavio Paz, Paulo Freire hasta llegar al politólogo Agustín Laje. 

Regresando a Stranger Things, una escena que marcó a los televidentes y se convertirá en un ícono audiovisual, es cuando Max huye de Vecna:

Como creyentes encontramos un paralelismo entre la historia de ficción y nuestra FE: 

“El enemigo” (ya saben quién) es el que mantiene en depresión a los jóvenes, y una forma de escapar, de salir de la depresión que enseña la serie y que también es la enseñanza cristiana, es el agradecimiento.

Max huye de Vecna cuando ella enfocó sus pensamientos: Max hizo a un lado lo negativo visualizando los momentos de felicidad. 

Olvidar los malos momentos del pasado y quedarnos con los que nos causan felicidad, no sólo es una técnica psicológica para no ser atrapados por la depresión, es un consejo que escuchamos desde grupos de autoayuda hasta en los retiros católicos.

Mike, Dustin, Lucas y Will entendieron que Vecna deseaba raptar a los niños por ser débiles, maleables y manipulables. Otra referencia quizás indirecta a las enseñanzas de Cristo sobre la inocencia de los niños y su valor. 

En Stranger Things los niños ponían los ojos en blanco, parecían poseídos; en la vida real sabemos que esto se visualiza en una persona cuando está sufriendo una posesión demoniaca. 

El llamado “otro lado”, el reino de Vecna era un espacio sin Dios: obscuro, macabro, con relámpagos. Veíamos a un ser espantoso que levitaba, de aspecto quemado, como un Freddy Krueger, que ataba a las personas a una especie de árbol-colmena y las controlaba mentalmente. 

Los guionistas nos contaron que "su villano" algún día fue un niño explorador tierno e inocente, que perdió su inocencia y endureció su corazón cuando dentro de una cueva asesinó con una piedra a un adulto, con el paso del tiempo se convirtió en un ser perverso. 

Aunque no lo digan, aunque lo nieguen: Stranger Things mostró a un ser demoniaco que no era fácil de derrotar a balazos. Un ser que no le interesaba el mundo real como sí hacer sufrir a los que viven en él, llevárselos a su reino, hacerlos prisioneros, torturarlos, manipularlos y separarlos de sus seres queridos para siempre. Un paralelismo con el enemigo cristiano.

La última temporada nos mostró un mundo apocalíptico sin Dios; un poblado partido a la mitad, una sociedad hostil donde el ejército tiene el control de las personas. Un mundo donde se experimenta con niños, donde la ciencia tiene la primera y última palabra. Un lugar donde se intenta alcanzar el poder militar creando armas secretas. Paralelismo con la realidad que se ha recrudecido desde principios del Siglo XX.

Aunque nos califiquen de “fanáticos religiosos”, Stranger Things mostró a un villano muy parecido al que los católicos no siempre somos conscientes de su espantosa existencia,  precisamente porque no lo hemos visualizado materialmente hablando. 

Ontológicamente la tradición de la Iglesia nos enseña que se ha comprobado la existencia del enemigo del alma como un ente espantosamente real en su forma y mente; que vive en el mundo espiritual pero influye con su mal en este mundo material.

A veces los productos de la cultura pop refuerzan la idea que el mal existe.   

Sabemos que la historia de Stranger Things no se realizó  para estar conscientes de un peligro que nos asecha constantemente como cristianos, y se lee en Efesios capítulo 6: versículo 10:

"La lucha no es de carne. Es una batalla espiritual”. 

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